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Cada perro y cada gato analizado tenía microplásticos en la sangre y la pista lleva al hogar

Un estudio en Italia detectó microplásticos en la sangre del 100 por ciento de los perros y gatos analizados, todos mascotas comunes, y apunta al hogar como principal vía de exposición.

Por wollo-ai 13 Oct, 2026 · 6 min de lectura
Cada perro y cada gato analizado tenía microplásticos en la sangre y la pista lleva al hogar

La noticia incomoda porque acerca el problema a la sala de la casa. Ya no se trata solo de tortugas en el océano o de sal marina contaminada. Un equipo de Italia encontró partículas de plástico circulando en la sangre de 14 perros y 6 gatos que vivían con sus familias y que llegaron a una clínica veterinaria por controles de rutina o cirugías programadas.

El trabajo, publicado en la revista Environmental Advances, es el primero en documentar microplásticos en sangre de animales de compañía vivos bajo exposición normal, sin condiciones de laboratorio. La tasa de detección fue del 100 por ciento, un resultado que sorprendió incluso al equipo de investigación.

Lo que respiran y lamen en casa

Las mascotas no eran sujetos experimentales. Eran pacientes comunes, sin enfermedades metabólicas conocidas, con una edad promedio de alrededor de 7,3 años en perros y 7,15 años en gatos. La sangre analizada se había extraído por motivos clínicos y, en lugar de desechar el excedente, se congeló para el estudio con consentimiento informado de los tutores.

En total se contaron 127 partículas en las 20 muestras, con un rango de 2 a 13 partículas por animal, o cerca de 1 a 6,5 partículas por mililitro de sangre. Los gatos mostraron un promedio levemente más alto que los perros, pero la diferencia no fue estadísticamente significativa.

El perfil de las partículas apunta al ambiente doméstico. Predominaron las fibras sobre los fragmentos, con cerca de 56 por ciento en perros y 64 por ciento en gatos, y el color negro fue por lejos el más frecuente. No hubo diferencias significativas entre especies en cantidad, forma, color o tamaño, lo que sugiere vías de exposición compartidas.

Ese patrón coincide con lo que ya se sabe de otros estudios en mascotas. Investigaciones previas en Estados Unidos hallaron que las concentraciones de tereftalato de polietileno en heces de perros y gatos eran de uno a dos órdenes de magnitud más altas que en el alimento que consumían, por lo que la dieta sola no explica la carga. El aire interior y el polvo del hogar, cargados de microfibras que se desprenden de textiles, alfombras y ropa, aparecen como contribuyentes probables, junto con el acicalamiento en gatos y el hábito de morder objetos en perros.

Plásticos comunes y un control estricto

Para identificar el tipo de plástico, el equipo analizó con espectroscopia Raman una submuestra aleatoria del 20 por ciento de las partículas. La técnica usa un láser verde de 532 nanómetros y lee una huella molecular única para cada polímero.

Los polímeros dominantes fueron polietileno y polipropileno, los dos plásticos más producidos en el mundo y presentes en envases, botellas, textiles y numerosos objetos del hogar. También se halló acetato de celulosa y un copolímero de polietileno y polipropileno. El acetato de celulosa es el material principal de los filtros de cigarrillos, y su presencia podría reflejar exposición urbana a restos derivados del tabaco.

El control de contaminación fue un punto central. Todo el procesamiento se hizo en una cabina de flujo de aire limpio, con material de vidrio prelavado y agua desionizada filtrada. Se usaron blancos de aire y blancos de procedimiento con todos los reactivos pero sin sangre, y ninguno mostró partículas. Eso da confianza en que los plásticos venían de los animales y no del laboratorio.

El protocolo incluyó digestión de la materia orgánica con tampón Tris HCl y peróxido de hidrógeno durante 48 horas a 37 grados, filtración al vacío en membranas con poros de cinco micrómetros y observación en estereomicroscopio con prueba de aguja caliente, en la que el plástico verdadero se derrite o se curva.

Por qué importa para la salud compartida

El hallazgo más intrigante es el tamaño. La mayoría de las partículas estaba en el rango micrométrico bajo, el que en teoría puede cruzar los epitelios gastrointestinal y respiratorio por vías entre células, a través de células o mediadas por el sistema inmune. Pero también se recuperaron fragmentos grandes, incluida una partícula de acetato de celulosa de 74 micrómetros, mucho más ancha que el diámetro de un capilar de mamífero, que ronda los 5 a 8 micrómetros.

Es un enigma que también aparece en estudios en sangre humana, donde se han reportado longitudes promedio cercanas a 128 micrómetros. Los autores plantean varias hipótesis, como disrupciones locales de la barrera intestinal, captación por células M en las placas de Peyer, traslocación desde los alvéolos tras la inhalación, o la capacidad de las fibras flexibles para deformarse y pasar por vasos estrechos, de forma similar a los glóbulos rojos. Con una muestra pequeña y exploratoria, advierten que estas ideas son provisionales.

El contexto es el enfoque de Una Sola Salud, que reconoce que la salud humana, animal y ambiental están ligadas. Las mascotas comparten nuestro aire, nuestro polvo y gran parte de nuestro estilo de vida, por lo que funcionan como centinelas de la contaminación que también nos afecta. Trabajos anteriores ya habían hallado microplásticos sospechosos en pulmón, hígado, riñón, intestino y coágulos de perros y gatos fallecidos, en tejido testicular canino y hasta en placentas y fetos felinos, lo que muestra que estas partículas pueden llegar a varios órganos y cruzar la barrera placentaria.

El nuevo estudio extiende ese mapa al torrente sanguíneo en vida, que es la vía por la que debe pasar cualquier distribución a múltiples órganos. Los autores recuerdan que en modelos animales la exposición a microplásticos se ha vinculado con estrés oxidativo, inflamación, alteración endocrina y toxicidad reproductiva, aunque en este trabajo no se evaluaron correlaciones clínicas y no se puede hablar de enfermedad causada por estas partículas.

Para reducir la exposición en casa, los especialistas suelen sugerir ventilar a diario, aspirar con filtro de alta eficiencia, lavar la ropa de cama de mascotas con frecuencia, preferir textiles de fibras naturales cuando sea posible, guardar el alimento en envases no plásticos y evitar juguetes desgastados que se deshacen. Son medidas de precaución общих, no tratamientos, y cada cambio conviene conversarlo según la edad, la salud y el comportamiento del animal. Ante cualquier duda sobre salud o comportamiento, consúltalo con tu veterinario.

Foto: docoverachiever (CC BY 2.0) vía Flickr.

Preguntas frecuentes

¿Los perros y gatos tienen microplásticos en la sangre?

Sí, según un estudio italiano publicado en Environmental Advances. Se encontraron partículas de plástico en la sangre de los 14 perros y 6 gatos analizados, todos animales de familia, con una tasa de detección del 100 por ciento.

¿De dónde vienen los microplásticos que tienen las mascotas?

El perfil de las partículas apunta al hogar, con predominio de fibras y del color negro. El aire interior y el polvo cargado de microfibras de textiles, alfombras y ropa aparecen como contribuyentes probables, junto con el acicalamiento en gatos y el hábito de morder objetos en perros.

¿Qué tipos de plástico encontraron en la sangre de perros y gatos?

Predominaron el polietileno y el polipropileno, los dos plásticos más producidos en el mundo. También aparecieron acetato de celulosa, principal material de los filtros de cigarrillos, y un copolímero de polietileno y polipropileno.

¿Los microplásticos en la sangre enferman a mi perro o a mi gato?

Este estudio no evaluó correlaciones clínicas, por lo que no se puede hablar de enfermedad causada por estas partículas. En modelos animales la exposición a microplásticos se ha vinculado con estrés oxidativo, inflamación, alteración endocrina y toxicidad reproductiva.

¿Cómo reducir la exposición de mi mascota a microplásticos en casa?

Se suele sugerir ventilar a diario, aspirar con filtro de alta eficiencia, lavar seguido la ropa de cama de la mascota, preferir textiles de fibras naturales, guardar el alimento en envases no plásticos y evitar juguetes desgastados. Son medidas de precaución, no tratamientos.

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