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El 27 de octubre México honra con ofrendas a sus mascotas que partieron

Cada 27 de octubre, miles de hogares en México encienden una veladora por los perros, gatos y otros compañeros que ya partieron. Es una costumbre reciente y entrañable, con raíces prehispánicas profundas y un mismo mensaje: el amor no termina con la muerte.

Por wollo-ai 11 Oct, 2026 · 12 min de lectura
El 27 de octubre México honra con ofrendas a sus mascotas que partieron

Hay fechas que no están en el calendario oficial y, sin embargo, todo un país las conoce de memoria. El 27 de octubre es una de ellas. Ese día, dicen en México, las almas de las mascotas fallecidas regresan a casa para visitar a su familia.

En patios, salas, refugios y plazas se levantan pequeñas ofrendas con fotografías, croquetas, juguetes desgastados y flores de cempasúchil. No es un día de tristeza contenida, sino de reencuentro. Se les pone agua porque llegan sedientas del viaje, se les enciende una luz para que no se pierdan y se les habla por su nombre, como si nunca se hubieran ido.

Esta pieza especial recorre esa historia a fondo: qué hay de cierto en el origen del 27 de octubre, qué lugar ocupó el perro en la cosmovisión mexica, cómo se arma una ofrenda para animales, cómo se ordena el resto del Día de Muertos, cómo lo viven hoy familias y comunidades y cómo acompañar el duelo, sobre todo con niños. Y también, cómo celebrarlo sin poner en riesgo a las mascotas que hoy viven con nosotros.

Una costumbre nueva con raíces muy antiguas

Si preguntas a abuelas y cronistas, la respuesta se repite: el 27 de octubre dedicado a las mascotas no viene de los códices ni de un decreto. El Día de Muertos como lo conocemos es una fusión de ritos mesoamericanos y fiestas católicas de Todos los Santos y Fieles Difuntos, celebradas el 1 y 2 de noviembre, y reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Lo documentado es que la celebración central en México honra a niños difuntos el 1 de noviembre y a adultos el 2 de noviembre, con ofrendas que mezclan comida, flores, velas, papel picado, sal, agua y objetos personales para guiar a las ánimas de regreso. Los calendarios ampliados que circulan en escuelas, medios y oficinas de cultura añaden otros días, muertes accidentales, almas olvidadas, angelitos, como parte de la tradición popular regional, no como norma única nacional.

En ese calendario extendido apareció, en la última década, el 27 de octubre para las mascotas. Diversas crónicas y medios coinciden en que se popularizó alrededor de 2018 y 2019, impulsado por redes sociales, protectoras de animales, municipios y medios que empezaron a convocar a ofrendas para perros y gatos. No hay una fecha oficial decretada por el Estado, pero hay algo más poderoso: una adopción colectiva.

¿Por qué prendió tan rápido? Porque llenó un vacío. En México, más de siete de cada diez hogares conviven con una mascota y la consideran familia. Cuando muere, el dolor es tan real como por cualquier ser querido, pero durante años no tuvo un ritual propio. El 27 de octubre le dio un lugar, un lenguaje y una comunidad para nombrarlo.

Hay que decirlo con honestidad: no es una tradición prehispánica en sí misma. Es una tradición contemporánea inspirada en una visión prehispánica donde los animales, y en especial los perros, nunca fueron secundarios. Y esa raíz es la que le da fuerza y sentido.

El perro que guía a las almas: Xólotl, el xoloitzcuintle y el Mictlán

Para entender por qué México pone ofrenda a sus animales hay que mirar al Mictlán, el inframundo mexica. Según las fuentes nahuas, el destino más común de los muertos era un largo viaje de cuatro años por nueve niveles hasta el descanso final, bajo el señorío de Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl.

El primer obstáculo era Apanohuayan, el río caudaloso que ninguna alma podía cruzar sola. Ahí entraba el perro. Enterrado junto a su dueño o representado en figuras de barro, el xoloitzcuintle lo esperaba en la orilla para cargarlo sobre su lomo y ayudarlo a cruzar. Sin ese guía, el alma quedaba varada.

El xoloitzcuintle, cuyo nombre une a Xólotl, dios del ocaso, del juego y de lo monstruoso, con itzcuintli, perro, no era una mascota cualquiera. Era psicopompo: conductor de almas. Los hallazgos arqueológicos lo confirman. En tumbas de tiro de Colima aparecen perros de cerámica acomodados como acompañantes funerarios, y en excavaciones recientes se han encontrado entierros de cánidos asociados a contextos rituales, señal de su papel sagrado.

Las crónicas describen que el perro ideal para guiar era de color bermejo, como el atardecer, el color de Xólotl. Con el tiempo, el xolo, sin pelo, de mirada serena, resistente al calor, se volvió símbolo vivo de esa historia. Hoy desfila en comparsas de Día de Muertos, aparece en ofrendas monumentales y es una de las razas patrimoniales más defendidas por instituciones culturales y criadores responsables.

Esa memoria explica el gesto actual. Poner una ofrenda el 27 no es solo nostalgia. Es reconocer, como hicieron los antiguos, que los animales nos acompañan también en el tránsito entre la vida y la muerte. Antes nos guiaban ellos; ahora somos nosotros quienes les encendemos el camino de vuelta.

Qué lleva una ofrenda para mascotas y por qué

Una ofrenda para mascotas sigue la misma lógica que una ofrenda tradicional: es un mapa de regreso hecho con amor. Cada elemento tiene una función. La foto identifica a quien se espera. El agua calma la sed del viaje. La sal purifica y evita que el alma se corrompa en el camino. Las veladoras y velas dan luz y calor. El papel picado marca el viento y la fiesta. El cempasúchil, con su color y su aroma, traza el sendero.

A eso se suma lo íntimo: su plato con croquetas o premios favoritos, un poco de pollo cocido sin hueso ni condimentos si era su gusto, su juguete, su collar, su cobija, una carta. No se trata de reproducir un altar de humanos en miniatura, sino de reconstruir su rincón. Si dormía junto a la puerta, ahí se pone. Si amaba el jardín, ahí se enciende la vela.

Los especialistas en cultura popular recomiendan montar la ofrenda la noche del 26 o la mañana del 27, para que esté lista cuando, según la creencia, llegan las almas en la madrugada. Se enciende una veladora, se coloca agua fresca y se cambia la comida al día siguiente. Muchos retiran la ofrenda el 28 o la integran a la ofrenda familiar mayor del 1 y 2 de noviembre.

En departamentos pequeños basta una repisa: foto, vela eléctrica si hay riesgo, vaso de agua, flores y su objeto más querido. En casas con patio se puede hacer camino de pétalos desde la entrada hasta el altar. Lo importante no es el tamaño, sino la intención y el relato. Contar en voz alta una anécdota, cómo robaba calcetines, cómo te esperaba en la ventana, es también ofrenda.

El orden de los días: del 27 de octubre al 2 de noviembre

El calendario popular que hoy enseñan escuelas, alcaldías y medios ordena así la fiesta, con variaciones regionales. El 27 de octubre llegan las mascotas. El 28 se recuerda a quienes murieron de forma trágica o violenta. El 30 y 31 se dedican a los niños que murieron sin bautizar y a los angelitos. El 1 de noviembre es Día de Todos los Santos, para los niños difuntos, y el 2 es Día de los Fieles Difuntos, para los adultos.

Conviene leerlo como lo que es: una guía afectiva, no un dogma. En Pátzcuaro, Mixquic, Oaxaca o Mérida cada comunidad tiene sus fechas y nombres, Pixán Peek, Hanal Pixán, alumbradas, y sus modos de velar. La Secretaría de Cultura insiste en que el Día de Muertos es diverso y vivo, y cambia de pueblo en pueblo.

Lo que sí es constante es la secuencia emocional. Se empieza con los animales, los más puros y cercanos, se sigue con las muertes difíciles, se honra a la infancia y se cierra con los mayores. Es una pedagogía del duelo: de lo más íntimo a lo colectivo, para que nadie quede fuera del recuerdo.

Cómo lo viven hoy familias, refugios y municipios

En los últimos años, el 27 de octubre salió de casa a la calle. Refugios organizan megaofrendas con fotos enviadas por adoptantes, con nombres, fechas y causas. Veterinarias levantan altares para pacientes que partieron en el año e invitan a sus tutores a llevarles flores. Escuelas piden a niños llevar la foto de su perro o gato para hablar de la muerte sin miedo.

Los municipios se sumaron. Alcaldías de Ciudad de México, Puebla, Mérida, Guadalajara y Morelia convocan a concursos de ofrendas para mascotas, desfiles de calaveras con correa y bendiciones. En algunos panteones, como el Panteón de Dolores en la capital, ya hay espacios para crematorios de animales que montan sus propias ofrendas y reciben retratos de la comunidad.

En casa, el ritual es más sencillo y hondo. Familias que perdieron a un perro hace diez años vuelven a poner su plato. Parejas sin hijos honran a su gata como a una hija. Niños que nunca conocieron al xolo de la familia aprenden su nombre por la ofrenda. Y quienes viven duelo reciente encuentran, esa noche, permiso para llorar y reír a la vez.

El duelo por una mascota y cómo hablarlo con niños

Perder a una mascota duele como perder a un familiar. Psicólogos del vínculo humano-animal explican que se rompe una rutina de cuidado, contacto y compañía diaria, y que el cerebro lo vive como una pérdida primaria. Tristeza, culpa por decisiones médicas, enojo, insomnio y llanto inesperado meses después son reacciones normales. Estudios recientes estiman que una minoría desarrolla duelo prolongado que requiere apoyo profesional, pero la mayoría transita el dolor con rituales, memoria y acompañamiento.

Con niños, los expertos piden honestidad tierna. Usar palabras claras, murió, no se perdió ni se durmió para siempre, explicar que su cuerpo dejó de funcionar y que no volverá, y validar que extrañar, enojarse o no sentir nada al principio está bien. Evitar frases como no llores o te compraremos otro enseguida, que minimizan el vínculo.

La ofrenda puede ser una herramienta terapéutica si se hace con ellos, no solo delante de ellos. Dejar que elijan la foto, dibujen, escriban una carta, pongan su premio favorito y cuenten qué es lo que más extrañan convierte el altar en un espacio para narrar. Encender juntos la vela y apagarla juntos marca un inicio y un cierre. Si el niño quiere conservar el collar o hacer una cajita de recuerdos, acompañarlo es más sanador que guardar todo rápido para no verlo.

Hay señales para pedir ayuda: si el niño deja de comer o dormir por semanas, se culpa de la muerte, se aísla o baja su rendimiento escolar de forma sostenida, conviene acudir a psicología infantil. Y en adultos, si el dolor impide trabajar, cuidar o vincularse después de varios meses, buscar apoyo no es exagerar: es cuidar el amor que queda.

Celebrar sin riesgos: lo que no debe quedar al alcance de los que viven

La ofrenda es para quienes partieron, pero la casa sigue habitada por quienes viven. Y casi todo lo que ponemos en el altar puede ser peligroso para un perro o gato curioso.

El chocolate contiene teobromina y cafeína, tóxicas para perros y gatos, y puede causar vómito, taquicardia, temblores y hasta la muerte. El pan de muerto, con azúcar, mantequilla, chocolate o pasas, provoca trastornos digestivos y, en el caso de pasas y xilitol, daño grave. El alcohol de las copas de ofrenda puede causar intoxicación etílica con muy poca cantidad. Las velas y veladoras provocan quemaduras e incendios si una cola las derriba.

El cempasúchil merece mención aparte. La ASPCA clasifica a muchas variedades de marigold como de baja toxicidad, pero la ingesta de flores, tallos u agua del florero irrita boca y estómago y causa vómito y diarrea, sobre todo en cachorros y gatos. Además, los pesticidas de flores comerciales agravan el riesgo. No es una flor para masticar.

Para un 27 seguro, los veterinarios recomiendan: montar la ofrenda en alto o tras una barrera si hay animales jóvenes; usar velas eléctricas o faroles; no dejar a ras de suelo croquetas de ofrenda, pan, chocolate ni copas; optar por pétalos artificiales en el camino si tu perro todo lo muerde y reservar flor natural solo en el altar elevado; y guardar collares, listones y papel picado, que pueden tragarse. Si tu mascota ingiere algo del altar, no induces vómito por tu cuenta: llama de inmediato a tu veterinario o a un centro de toxicología.

Este 27 de octubre, pon su foto, sírvele agua, enciéndele luz y cuéntale a alguien quién fue. Di su nombre en voz alta: Bruno, Mishi, Canela, Rocky, Pelusa. Agradece los paseos, las siestas compartidas, la paciencia en tus días malos. Si te duele, deja que duela un rato junto al cempasúchil; si te hace sonreír, deja que la casa se llene de esa risa.

Y si tu compañero vive todavía, abrázalo esa noche un poco más. La ofrenda también es para él: la promesa de que cuando le toque partir, no será olvido. Será reencuentro. Si tienes dudas sobre duelo, rituales con niños o seguridad en casa con ofrendas y mascotas, consúltalo con tu veterinario.

Foto: vía Excélsior.

Preguntas frecuentes

¿Por qué el 27 de octubre se pone ofrenda a las mascotas en México?

Según la creencia popular, ese día las almas de las mascotas fallecidas regresan a casa a visitar a su familia. La fecha forma parte del calendario ampliado del Día de Muertos, que dedica los días previos al 1 y 2 de noviembre a distintas almas.

¿El día de muertos de las mascotas es una tradición prehispánica?

No en sí misma. Es una tradición contemporánea que se popularizó alrededor de 2018 y 2019, impulsada por redes sociales, protectoras de animales, municipios y medios, aunque está inspirada en una visión prehispánica en la que los perros acompañaban a las almas.

¿Qué relación tiene el xoloitzcuintle con el Día de Muertos?

En la cosmovisión mexica, el xoloitzcuintle esperaba a su dueño en la orilla del río Apanohuayan para cargarlo y ayudarlo a cruzar en el viaje al Mictlán, el inframundo. Por eso se le consideraba conductor de almas, y hoy es un símbolo vivo de esa historia en ofrendas y comparsas.

¿Qué se pone en una ofrenda para mascotas?

Lleva su foto, agua para la sed del viaje, sal, velas, papel picado y flores de cempasúchil, igual que una ofrenda tradicional. A eso se suman objetos íntimos como su plato con croquetas o premios favoritos, su juguete, su collar, su cobija o una carta.

¿Qué cosas de la ofrenda de Día de Muertos son peligrosas para perros y gatos?

El chocolate, el pan de muerto, las pasas, el alcohol, las velas encendidas y el cempasúchil pueden hacer daño a una mascota curiosa. Conviene montar la ofrenda en alto, usar velas eléctricas y, si tu mascota ingiere algo del altar, llamar de inmediato al veterinario o a un centro de toxicología sin inducir el vómito por tu cuenta.

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