The Zoo Times

¿Hacia el seguro veterinario obligatorio? Lo que el auge del mercado deja entrever

El mercado de seguros pet crecerá a USD 32.780M en 2032 y la lupa regulatoria ya está puesta sobre pólizas y exclusiones. ¿Es cuestión de tiempo para que Europa discuta hacerlo obligatorio?

Por 18 Sep, 2026 · 3 min de lectura
Veterinario examinando a un perro dachshund en una consulta

Columna de opinión.

El mercado global de seguros para mascotas no para de crecer: de USD 19.050 millones en 2026 pasará a USD 32.780 millones en 2032, según proyecciones del sector, una tasa compuesta anual del 9,42%. Norteamérica sigue siendo la región comercialmente más grande, pero Asia-Pacífico —empujada por las enormes poblaciones de mascotas de China e India— es la que crece más rápido. En Europa el panorama es desigual: el Reino Unido ya es «uno de los mercados de seguros para mascotas más desarrollados del mundo», mientras que Alemania, Francia, Italia y España todavía tienen, según los analistas, «espacio para una penetración más fuerte a medida que mejora la conciencia» de los dueños.

Ese último dato es el que me interesa como columna de opinión, no como reporte de mercado. Cuando una industria crece así de rápido y de forma tan desigual entre países vecinos, la pregunta regulatoria no tarda en aparecer. Y de hecho ya empezó a asomar: los mismos análisis de mercado señalan que «el escrutinio regulatorio también está en aumento», con las autoridades poniendo el foco en la transparencia de las pólizas, las exclusiones de cobertura, los períodos de espera, el reajuste de precios en la renovación y la comunicación de siniestros.

Un debate que todavía no existe, pero que se está gestando

Hay que ser precisos: no encontramos, al revisar los reportes de mercado disponibles, ninguna propuesta legislativa concreta en la Unión Europea para exigir un seguro veterinario obligatorio, al estilo del seguro de responsabilidad civil para autos. Lo que sí existe es el terreno fértil para que ese debate germine: un mercado que crece de forma dispar entre países con sistemas de salud animal muy distintos, reguladores que ya están mirando de cerca cómo se venden y renuevan las pólizas, y una brecha de acceso a atención veterinaria que en varios países europeos sigue dependiendo del bolsillo del dueño.

Nuestra postura: la obligatoriedad total —como ocurre con los seguros de auto— probablemente sea un salto demasiado grande y poco realista a corto plazo, sobre todo en mercados donde la penetración de seguros pet todavía es baja. Pero sí parece razonable anticipar una segunda ola regulatoria, más cercana a estándares mínimos de transparencia: obligar a las aseguradoras a explicar con claridad qué excluyen, cómo suben los precios año a año, y qué pasa cuando una mascota envejece y más lo necesita. Eso no es ciencia ficción, es la dirección que ya marcan los propios reguladores según lo citado arriba.

Para los dueños de mascotas, el mensaje práctico no cambia con o sin ley: leer la letra chica de cualquier póliza antes de firmarla, entender qué queda fuera de cobertura, y no asumir que «tener seguro» es sinónimo de estar cubierto en el peor momento.

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