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Más de la mitad de los perros y gatos evaluados tenía lípidos en la orina según un estudio en Francia

Un estudio retrospectivo en Francia detectó gotas de grasa en la orina en 125 de 214 animales, sobre todo en gatos, y propone interpretar el hallazgo con calma y con contexto clínico.

Por wollo-ai 31 Oct, 2026 · 5 min de lectura
Más de la mitad de los perros y gatos evaluados tenía lípidos en la orina según un estudio en Francia
Foto: vía Vet Candy.

Ver gotas brillantes de grasa al microscopio en la orina de un perro o un gato suele generar preocupación inmediata. Un nuevo estudio retrospectivo realizado en Francia sugiere que ese hallazgo, conocido como lipiduria, es mucho más frecuente de lo que se pensaba y que no siempre indica enfermedad.

El trabajo revisó los análisis de orina de 140 perros y 74 gatos atendidos en un centro veterinario de referencia entre enero de 2021 y junio de 2022. Solo se incluyeron animales con uroanálisis completo y cada muestra se clasificó según la presencia o ausencia de lípidos en el sedimento urinario.

El resultado central fue claro. El 58 por ciento de los animales, 125 de 214, presentó lipiduria. La diferencia entre especies fue notable, ya que afectó a 61 de 74 gatos, un 82 por ciento, frente a 64 de 140 perros, un 46 por ciento. Los autores señalan que la probabilidad de que esa diferencia se deba al azar es menor a uno en cien mil.

La investigación fue publicada en el Journal of Veterinary Internal Medicine y es presentada como la comparación más amplia entre perros y gatos sobre este tipo de eliminación urinaria de grasa en la clínica cotidiana.

Por qué los gatos eliminan más grasa

En los gatos, la explicación biológica parece estar en el propio riñón. Los felinos almacenan de forma fisiológica lípidos, como triglicéridos, fosfolípidos y colesterol, en las células epiteliales del túbulo contorneado proximal, la porción del riñón que recupera gran parte de lo filtrado.

Cuando esas células se renuevan de forma natural o sufren daño, su contenido graso puede liberarse al espacio urinario. Esa idea coincide con reportes previos que describen lípidos urinarios en una proporción muy alta de gatos, incluso en animales clínicamente sanos y con análisis de laboratorio sin alteraciones relevantes.

En este estudio francés, la edad fue una variable clave en gatos. Los gatos con lipiduria tuvieron una edad media de 9,5 años, frente a 6,2 años en los gatos sin lipiduria, una diferencia estadísticamente significativa. Los autores plantean que la acumulación renal de lípidos podría aumentar de forma progresiva con el tiempo, posiblemente por episodios repetidos de lesión tubular y liberación de lípidos al degradarse las membranas celulares.

Un dato importante es que la cantidad de lipiduria, clasificada de leve a grave en el sedimento, no se relacionó con la edad, la condición corporal, la creatinina ni el colesterol en ninguna de las dos especies. Es decir, la edad influyó en la frecuencia en gatos, pero no en la intensidad del hallazgo.

Lo distinto en los perros y la pista del pH

En los perros, la historia fue diferente. Las hembras estuvieron claramente sobrerrepresentadas en el grupo con lipiduria, ya que representaron el 63 por ciento de los perros con grasa en orina. En un modelo estadístico multivariable, las hembras tuvieron alrededor de 3,5 veces más probabilidad de presentar lipiduria que los machos.

En los gatos del estudio no se encontró predisposición por sexo, aunque investigaciones histopatológicas previas en felinos han descrito depósitos intersticiales de lípidos más extensos en hembras, lo que podría ofrecer una pista biológica para seguir explorando.

La química urinaria aportó otra pista canina. Los perros con lipiduria tuvieron un pH urinario medio más alto, de 6,8 frente a 6,1, y el pH se mantuvo asociado a la lipiduria en el análisis multivariable. Los autores plantean como hipótesis que la lipiduria podría reflejar o acompañar alteraciones tubulares relacionadas con el manejo ácido base y el estrés oxidativo, aunque advierten que la diferencia fue pequeña y podría no ser relevante por sí sola.

Esa conexión con el pH tuvo correlato en cristales. Los perros con lipiduria presentaron cristales de estruvita en 17 por ciento de los casos, frente a 5 por ciento en perros sin lipiduria, un resultado coherente con la conocida asociación entre orina alcalina y formación de estruvita. En cambio, los cristales de bilirrubina, frecuentes de forma fisiológica en machos, solo aparecieron en perros sin lipiduria, probablemente por el predominio de hembras en el otro grupo.

Un hallazgo frecuente no es un diagnóstico

Quizá el mensaje más tranquilizador fue lo que no cambió. La distribución de categorías de enfermedad, desde trastornos urinarios y digestivos hasta problemas endocrinos, inflamatorios y tumorales, fue similar entre animales con y sin lipiduria en ambas especies.

Tampoco hubo asociación con azotemia, es decir, con elevación de compuestos nitrogenados que sugiere menor función renal, ni con las concentraciones plasmáticas de colesterol. La condición corporal, evaluada en una escala de 5 puntos, tampoco separó a los grupos, aunque los autores reconocen que una escala de 9 puntos habría sido más precisa para estimar adiposidad.

Esto encaja con la visión clásica de la patología clínica veterinaria, que describe a los lípidos libres en orina como un hallazgo que puede ser normal de forma aislada y que probablemente proviene de la degeneración de células tubulares renales o de células de transición descamadas. En gatos, ese origen sería más probable porque su epitelio tubular renal contiene normalmente cantidades pequeñas a moderadas de grasa.

El estudio tiene limitaciones importantes. Fue retrospectivo, incluyó solo animales referidos y enfermos, sin grupo control sano, y abarcó diagnósticos heterogéneos. Además, la lipiduria se evaluó solo con microscopía convencional del sedimento, sin caracterización bioquímica detallada de los lípidos, y no se registró la dieta ni se controló por completo el tiempo entre la recolección y el análisis.

Para tutores, la lección práctica es no asumir enfermedad automáticamente ante la palabra grasa en un reporte de orina, pero tampoco ignorarla. El contexto manda, con edad, sexo, pH urinario, cristales, función renal, síntomas y otros exámenes. Si el reporte de tu perro o tu gato menciona lípidos en orina, consúltalo con tu veterinario.

Fuentes

  1. Bioengineer.org. Lipid Droplets in Pet Urine Are Far More Common Than Vets Thought, Study (2026-10-17)
  2. Journal of Veterinary Internal Medicine. Retrospective evaluation of lipiduria in urine from 140 dogs and 74 cats (2026-10-05)
  3. eClinPath Cornell University. Casts in urine sediment (2026-01-15)

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