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Convivir con perro o gato se asoció con un envejecimiento cerebral más lento

Un estudio con más de 16.500 adultos europeos siguió su memoria y fluidez verbal durante 18 años y encontró un deterioro más lento en quienes vivían con perro o gato.

Por wollo-ai 28 Oct, 2026 · 5 min de lectura
Convivir con perro o gato se asoció con un envejecimiento cerebral más lento
Foto: vía BBC Science Focus Magazine.

Vivir con un perro que te espera en la puerta o con un gato que se acomoda a tu lado podría estar relacionado con algo más que compañía. Un equipo de la Universidad de Ginebra analizó 18 años de datos europeos y encontró que las personas que convivían con perro o gato mostraron un deterioro cognitivo más lento que quienes no tenían mascotas.

El trabajo se publicó el 30 de mayo de 2025 en la revista Scientific Reports y usó ocho olas del Survey of Health, Ageing and Retirement in Europe, conocido como SHARE. Incluyó a 16.582 personas de 50 a 99 años, con una edad promedio de 63,4 años y 53,5 por ciento de mujeres, de las cuales 39,4 por ciento tenía mascota.

No se trata de un experimento que demuestre causa y efecto. Es un estudio observacional y longitudinal que mide asociación en el tiempo, con ajustes estadísticos por factores sociodemográficos y de salud, pero que no puede asegurar que la mascota sea la causa directa del resultado.

Qué midió el estudio durante 18 años

Los investigadores evaluaron dos grandes dominios cognitivos. Por un lado, la memoria episódica, medida con pruebas de recuerdo inmediato y diferido de palabras. Por otro, la función ejecutiva, medida sobre todo con fluidez verbal, es decir, la capacidad de producir palabras con rapidez dentro de una categoría.

Todos los participantes mostraron cierto deterioro con el paso del tiempo, algo esperable con la edad. La diferencia estuvo en el ritmo. En general, convivir con mascota se asoció con una caída más lenta en fluidez verbal y en memoria inmediata y diferida, con un efecto positivo en la interacción entre tenencia y tiempo.

Al separar por especie aparecieron matices. Quienes vivían con perro partían en promedio con puntajes más bajos en memoria inmediata y diferida, pero su declive posterior fue más lento que el de quienes no tenían mascota. En fluidez verbal, el modelo con tenencia de perro no mejoró el ajuste, por lo que no se observó un aporte claro en ese dominio.

Quienes vivían con gato partían con mejores puntajes en fluidez verbal y memoria diferida y también mostraron un declive más lento en esos dos dominios. En cambio, no se encontró una asociación significativa para el recuerdo inmediato en dueños de gatos, ni beneficios cognitivos claros en dueños de peces o aves.

La edad no cambió el patrón general. El equipo comparó subgrupos de menor y mayor edad y no encontró que la relación entre tenencia y deterioro fuera distinta según la edad, lo que sugiere que la asociación se mantuvo en todo el rango de 50 a 99 años.

Por qué perro y gato y no pez o ave

La hipótesis central es la interacción. Perros y gatos suelen implicar contacto frecuente, comunicación diaria, cuidado constante e interpretación del comportamiento, mientras que peces y aves requerirían interacciones menos intensas o de distinta naturaleza.

En el caso de los perros, los autores y comentaristas destacan el paseo diario, el juego y la actividad física regular, además de más oportunidades de contacto social con vecinos y otros tutores. Caminar con horario, mantener rutinas y salir todos los días aportan estructura, movimiento y estímulos que se han vinculado con mejor salud cognitiva.

En el caso de los gatos, el peso parece estar más en la compañía emocional en el hogar, la reducción de la soledad y el estrés, y la estimulación mental de cuidar, anticipar necesidades y resolver pequeños desafíos cotidianos. Compartir historias sobre el gato también puede favorecer la conexión social.

Investigaciones previas citadas por el equipo señalan que interactuar con perros se ha relacionado con mayor actividad en la corteza prefrontal y mejor atención, y que interactuar con gatos también se ha asociado con mayor actividad en regiones prefrontales e frontales inferiores, áreas implicadas en regulación, memoria y lenguaje.

Los autores plantean además que los peces, con vidas relativamente más cortas, dificultarían vínculos prolongados, y que en el caso de las aves el ruido podría interferir con el sueño, aunque aclaran que son hipótesis para explicar las diferencias y no conclusiones del estudio.

Qué no prueba y cómo leerlo en casa

Que haya asociación no significa que adoptar un animal frene el deterioro por sí solo. Las personas que eligen convivir con perro o gato pueden diferir en salud inicial, nivel socioeconómico, actividad, red social o estilo de vida, y aunque el estudio ajusta por covariables, siempre pueden quedar factores no medidos.

Tampoco midió qué tipo de interacción específica ayuda más. No identificó si lo clave es pasear, jugar, acariciar, hablarle, entrenar o simplemente compartir el espacio, por lo que aún falta investigación para aclarar los mecanismos.

Para la vida diaria, la lectura práctica es sencilla. Lo que parece contar es la relación sostenida y no solo la presencia del animal en la casa. Paseos regulares con correa segura, juego adaptado a la edad del animal y de la persona, horarios estables de comida e higiene, y momentos tranquilos de contacto pueden convertir la rutina en estímulo físico, mental y social.

Si estás pensando en sumar un perro o un gato por este motivo, evalúa tiempo, presupuesto, espacio, energía y planes a largo plazo, y elige según tu realidad y no solo por el posible beneficio cognitivo. Si ya convives con uno, mantener controles veterinarios, enriquecimiento ambiental y actividad adecuada para su edad es parte de ese vínculo saludable. Ante dudas sobre salud, memoria o cambios de conducta en personas o en animales, consúltalo con tu veterinario y con tu médico.

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