Los perros descifran el habla humana igual que los bebés, según un estudio en Science
Un estudio de la Universidad Eötvös Loránd (Budapest) encontró que el cerebro canino usa el mismo mecanismo que los bebés humanos para separar el habla continua en palabras: fijarse en los patrones de consonantes.

Durante décadas, se asumió que la capacidad de «trocear» un flujo continuo de habla en palabras individuales era un rasgo exclusivamente humano, ligado a nuestra predisposición innata para el lenguaje. Un estudio publicado el 24 de septiembre de 2026 en la revista Science pone en duda esa idea: los perros usan la misma estrategia neuronal que los bebés humanos para identificar dónde termina una palabra y empieza otra.
La investigación, liderada por Attila Andics, neurocientífico cognitivo y director del Neuroethology of Communication Lab del Departamento de Etología de la Universidad Eötvös Loránd (ELTE) en Budapest, junto a las investigadoras Boglárka Morvai y Kinga G. Tóth, comparó la actividad cerebral de 20 perros y 20 humanos mientras escuchaban flujos de voz continuos, sin pausas entre palabras.
Consonantes, el esqueleto de las palabras
El equipo usó electroencefalografía (EEG) no invasiva para registrar la respuesta cerebral de ambas especies ante tres tipos de estímulo: secuencias con estructura de consonantes, secuencias con estructura de vocales, y secuencias aleatorias. El hallazgo central: tanto en perros como en humanos apareció un cambio característico en la actividad eléctrica cerebral alrededor de los 400 milisegundos después del inicio de cada palabra, pero únicamente en las secuencias organizadas por consonantes.
Es decir, ambas especies usan las consonantes —más que las vocales, pese a que estas últimas son más sonoras— como las señales que permiten separar un flujo continuo de sonido en unidades con sentido. Esta estrategia, conocida en lingüística como «sesgo de consonantes», ya se había documentado en bebés humanos como uno de los primeros mecanismos que usan para empezar a aprender su lengua materna.
No es exclusivo de los perros de casa
Uno de los detalles más llamativos del estudio es que el sesgo de consonantes apareció también en perros que pasaron sus primeros tres meses de vida en la calle, antes de ser adoptados, y no solo en aquellos criados desde cachorros en un hogar con exposición constante al habla humana. Para los investigadores, esto sugiere que no se trata de un mecanismo exclusivamente innato ni tampoco de un aprendizaje que dependa de años de convivencia, sino de un patrón que el cerebro canino puede desarrollar con una exposición relativamente breve al lenguaje humano.
Según los autores, el hallazgo tiene implicaciones que van más allá de la etología: sugiere que la capacidad de procesar el habla de forma eficiente no depende exclusivamente de las habilidades lingüísticas únicas de los humanos. La sola exposición regular al habla parece ser capaz de moldear el funcionamiento cerebral incluso en una especie mamífera evolutivamente distante de la nuestra.
Qué significa para los dueños de perros
El estudio no implica que los perros «entiendan» el lenguaje humano en el sentido en que lo hacemos nosotros, ni que comprendan gramática o sintaxis. Lo que muestra es que sus cerebros son capaces de segmentar el flujo sonoro del habla en unidades discretas —un primer paso necesario para asociar sonidos con significados, como ya se sabe que hacen con órdenes o palabras familiares—. Es, en palabras del equipo de Andics, evidencia de que miles de años de convivencia con los humanos han dejado una huella medible en cómo el cerebro canino procesa nuestra voz.
El hallazgo abre además una vía de investigación sobre si otras especies domesticadas, expuestas de forma regular al habla humana, podrían mostrar patrones neuronales similares.


