En las profundidades de la zona rural de Yondó, Antioquia, la línea que separa la vida de la tragedia suele medirse por el olfato de un animal. El miércoles 16 de julio de 2025, el Ejército Nacional de Colombia confirmó el fallecimiento de Sansón, un pastor belga malinois de cinco años que se convirtió en el símbolo más reciente del costo humano —y animal— del conflicto armado en el país. Su historia no es solo un relato de lealtad, sino un recordatorio de la vulnerabilidad de los seres sintientes en áreas de combate.
La última misión en la vereda La Raya
El destino de Sansón se selló la mañana del 10 de julio de 2025, durante una operación de reconocimiento en la vereda La Raya, una zona marcada por la presencia histórica de grupos armados como el ELN. Integrado en el grupo especializado EXDE (Explosivos y Demoliciones), Sansón operaba en terrenos donde la tecnología humana suele fallar, detectando sustancias como ANFO, C4 e indugel.
Mientras realizaba su tarea, el canino detectó un artefacto explosivo sembrado cerca de una carretera. Siguiendo su riguroso entrenamiento de 18 semanas, Sansón procedió a sentarse para alertar a su guía, el soldado profesional Carlos Eduardo Beleño González. En un giro trágico, al realizar la señal, una de sus extremidades activó accidentalmente el mecanismo. Su acción, aunque fatal para él, salvó la vida de 36 soldados y de numerosos campesinos que transitaban por la vía.
Seis días de lucha y una promesa inconclusa
A pesar del impacto, el vínculo de lealtad no se rompió. Sansón regresó arrastrándose hacia su guía antes de ser evacuado en helicóptero hacia un centro veterinario en Barrancabermeja. Allí, los especialistas le amputaron una de sus patas y el Ejército inició los trámites para adaptarle una prótesis que le permitiera una jubilación digna.
Incluso se planeaba su traslado al Hospital Militar en Bogotá para integrarse a “La Fuerza Peluda”, un programa que incorpora a caninos heridos en labores de apoyo emocional para pacientes hospitalizados. Sin embargo, tras seis días de cuidados intensivos, una infección sistémica provocó un paro respiratorio que terminó con su vida la madrugada del 16 de julio.
El dilema ético: Binomios caninos y sintiencia
La muerte de Sansón reabre un debate profundo en la jurisprudencia colombiana. Mientras que leyes como la Ley 1774 de 2016 y la reciente Ley Ángel (Ley 2455 de 2025) reconocen a los animales como seres sintientes y endurecen las penas contra el maltrato, el uso de perros en la detección de minas plantea una contradicción ética necesaria bajo la premisa de seguridad nacional.
Sansón, junto a figuras como Trueno (experto en minas en cultivos de coca) y Sombra (la perra por la que el Clan del Golfo ofreció una recompensa de 200 millones de pesos), demuestra que los animales son hoy objetivos estratégicos y piezas clave en la preservación de la vida humana. El Ejército Nacional lo despidió con honores militares, recordándolo no como un recurso, sino como un compañero leal que antepuso la seguridad de su pelotón a la propia.